La Semana de la Santa Cerveza

Corrían tiempos del 400 mandato de Ilustre Ente Cervecero Doble a manos la fábrica Guiness (fábrica que como muy bien deberíais saber, aún sigue en propiedad de Ilustre Ente Cervecero Doble, ¡y dad gracias por ello!). En algún lugar de este avernal mundo (no se sabe exactamente dónde, puede que entre Sodoma y Gomorra o puede que en la vagina de vuestras madres, eso depende del humor de Ilustre Ente Cervecero Doble) se desarrolló una sacrílega práctica que rápidamente se propagó como el subnormalismo y la deformidad física entre los Borbones: el Heinekenismo...consistente en matar su organismo a base de la puta mierda de Heineken.
Dicha horrible y atroz anticervecil práctica fue puesta de moda por un tal Jesús Heineken, hijo de José de Heinekenea y de una mula cuadrapléjica. El cual, y como no pudo ser de otra forma, fue perseguido durante décadas...exactamente durante cero décadas, ya que a los siete días de fundar el Heinekenismo fue cogido por los cataplines en una mágica estratagema de la mayor élite del ejército: Los Ilustres Caballeros de la Orden de Franziskaner.
La estratagema consistió en introducir entre el rebaño de Jesús Heineken a uno de más vanagloriados guerreros a sueldo: Judas, contratado por orden de Ilustre Ente Cervecero Doble, por ser su amigo y extensión de su brazo en numerosas ocasiones. Judas citó a Jesús de Heineken y sus estúpidos súbditos en el monasterio de Franziskaner al tercer día de la fundación del Heinekenismo, tal como se acordó con la Orden, para celebrar lo que Judas llamó: La Última Birra. ¿Irónico, verdad? Así pues, Jesús de Heineken y su grupo de retraídos mentales cayeron como las moscas en la mierda en la trampa, es decir con sumo gusto y suma felicidad. Ignorantes de la vida, está claro que ese puto pis de meado que beben los Heinekeniastas les pudre el cerebro. Como no pudo ser de otra forma, Jesús Heineken y su colectivo de marionetas amariconadas fueron encarcelados esa misma noche.
AL DÍA SIGUIENTE...
Jesús Heineken tuvo la oportunidad de ser puesto en libertad si se lo jugaba a Patadas en las Bolas con Ilustre Ente Cervecero Doble… Pero Ilustre Ente Cervero Doble empezó primero… Porque le salió de los Ilustres Cojones. Así, Jesús Heineken fue crucificado en el Monte Delirium Tremens, donde irónicamente sus manos y pies fueron clavados con botellas rotas de Heineken. Mientras tanto, su fiel piara de escaso intelecto sufrió una horrible y cómica muerte a manos del Equipaje.
Corren rumores de que Jesús de Heineken resucitó al tercer día, pero no es sino otro caso de la benevolencia de Ilustre Ente Cervecero Doble, que permitió su permanencia, una vez más para hacer patente la diferencia entre el bien y el mal. Bautizando así a este día como el Domingo de Birras, el último y cervecifílico día de esta fiesta donde jamás se consume el puto meado de vaca que es Heineken. Y es que el mal nunca ha de ser erradicado para que vosotros, estúpidos seres a merced de la ignoracia, seais capaces, por difícil que parezca, de diferenciar entre el bien y el mal.




